Estaba parado. El tránsito era incesante y las luces no reconocían dueño. Podía parecer indiferente, solitario ó enceguecido. Podía parecerlo. La noche estaba tiñendo los colorados y sin embargo la figura gris se distinguía nítidamente, ya que él no pretendía ocultarse. Minutos contados y horas gastadas pasaban de cualquier modo. Ese oportuno paraguas cubrió una necesidad impensada.
El final del día es algo que no se buscaría en tanta inmensidad, hasta que la sombra giró y la penetró. Había muchos otros espectros idealizando y contagiándose mientras cada brillo mutaba. Hoy se podría repetir lo vivido tantas veces pero no nos quedaría nada para pensar. La gris figura de ese fantasma que quiere ser visto y que nadie puede percibir queda siempre entre lo claro y lo oscuro, de un día y una noche menos.
