TRANSITANDO

23 sept 2013

Música

La rompiente no cesaba su caricia sobre las rocas. Se podía ver en la nebulosa toda la magia de las espumas. Ella quiso acercarse pero... No hubiese sido posible tanta delicadeza empujada al abismo. Teoría abisal. 

Quien supo escuchar la letanía de las hojas marchitándose solo estaría presente en un sinfín de melodías que lo acercaran a la verdad misma, como le sucedía a ella, que quería pero... Ruge el mar, suavizado por el viento helado del este, y en esa inmensidad cada gota sabe, cada gota presiente su destino. Todos contemplamos en forma sorda, porque vemos y no miramos el reflejo de nuestros pensamientos. Nos encerramos frente a lo mágico, aunque ella necesitaba algo de fantasía para dejar de escuchar. 

Él sabe que ella lo quiere a veces, cuando se siente abrumada por un laberinto de sinfonías, o si la invaden vaivenes de sonidos imperfectos, de ecos largos... Él sabe que ella, la armonía, quiere acercarse a su mundo de hechos concertados, de acuerdos probables, de conjunciones inevitables. Rondará su castillo alejado, intentará trepar por sus laderas escarpadas, se lastimará para estar cerca pero solo conseguirá, a pesar de saberlo, poco de él. Muy poco, en realidad, y en pequeñas dosis, como representando el bálsamo necesario, ineludible. Por eso cuando ella quiere confundirse con el festival de las aguas para pasar desapercibida ante sus ojos blindados, él sabe que viene y la distingue nítidamente, ya que en su mundo extremo todo el resto tiene sentido. ¿Pero quién es él?    

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