TRANSITANDO

12 ago 2019

Otro país - MUERTE

Sensaciones. Casi inerte, espectador de una desilusión. Parte, pero no dado, ya que la irracionalidad puede aventajar al relámpago, años luz de vértigo. Sentimientos huecos y vacíos incomprensibles, círculos de incredulidad y posiciones desencontradas; la esperanza mueve las mentes como ese carrusel de fuego, donde solo las cenizas explican al espectro. Es lo que quedó, finalmente.

Siluetas difusas marcan un poderoso devenir, sin fe ni alma, porque todo cayó en aquel largo e interminable abismo, desde donde las criaturas no quieren regresar, y los hombres no pueden olvidar. Narrado y elaborado en tintas entrañables, la poesía es inabarcable para tanta necedad. Granito y diamante bruto, solo la belleza reflejará en este mar de promesas invisibles, en terrible choque de patrias sin heridos de uniforme, quedando aquel eterno desgaste armónico sin prisa ni pausa. Como si la muerte pudiera salvar los halos de cada individuo afectado, el inmigrante soñador también deja caer sus pétalos en cada escape, en cada peldaño cuesta abajo. Claro, el ombú nos mira desde su inmensidad sin entender porqué se huye, perplejo y atónito, pero consciente en su envidia sobre la supuesta libertad de elegir un derrotero, mirando sus raíces clavadas en el fango.

Que el último cierre la puerta parecen gritar los que sostienen la puerta, pero después vuelven a entrar. Quizá ninguna comprensión llega hasta los tesoros ocultos, hacia esas reliquias de polvo, que solo avisoran los que viven de la fuga. Son muchos, están entre todos, se ocultan a la vista, mimetizados en abanicos de colores de arco iris; hace varios tiempos que intentan lograr el éxtasis de la singularidad, del éxito grupal, de no tener otro relator y de ponderar todas las limitaciones. Cada etapa impensada mueve casilleros inimaginables, en la búsqueda de algo que al lograrse, se desvanecerá por peso propio y volverá al inicio, ya que esta idea redonda siempre se alimentará de la diversidad. 

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