TRANSITANDO

16 feb 2014

Ola de vinilos

Una ola de vinilos... Un mar, lo negro, la redondez, ese pequeño orificio, la ¿espuma?...
Fundir el material siempre necesita de calor, ese que emana de cuerpos esféricos, con un escape para lograr la temperatura justa, el punto de ejecución mayor. Evitando por ahora el color, sigamos refiriendo a lo líquido, que redondea en pequeños y minúsculos globecillos salobres ávidos de costa, pletóricos de arenales sin fin.
Esa apariencia de garganta que todo lo resumirá, ese relativo esplendor que parece cargar un salvoconducto elocuente de melodías, también muestra elementos internos que reflejan distintos motivos. ¿Acaso serían dientes los altoparlantes que necesariamente amplifiquen la habitabilidad del nicho mayor?
Porque seguimos refiriéndonos a una boca, creo en esa lengua de plástico negro. Ups, se escapó un color y es el mismo que evitamos desde el principio. Si se mira bien, la imagen no atrae solo por su forma sino por el contraste entre el entorno de beiges y cremas con la negrura de la cresta infernal que arrasará como un tsunami los temores de cada voyeur. Por esto quise esquivar lo inevitable, caer en la retórica más antigua, y de cualquier manera, mover los hilos de una marioneta blasfema, que no se detendrá ni a significar ni a atenuar la placidez de la contemplación. Porque parece una estatua, o una obra de algún tipo de arte, o la repetición de acordes asesinos (no todo lo que mata, daña), y sin embargo cada uno vé su paso demoledor hacia lo insondable, hasta que frena sutilmente en su objetivo. Como se observa, alguien creyó pensar en una representación, pero también se equivocó. Esta fauce pudo más.

No hay comentarios: